¿Grabar en directo o por partes?

Las sesiones de grabación son curiosas. Hay un montón de modas que, de repente, todo el mundo empieza a seguir. Antiguamente solo se grababa con toda la banda en directo, pero, en un abrir y cerrar de ojos, todo el mundo empezó a grabar por pistas. Así que hoy voy a hablar desde mi experiencia de cómo lo hago y cómo me gusta hacerlo.

Uno de los motivos por los que prefiero grabar con el grupo en directo es que como se saben bien la canción, se ahorra tiempo y, por consiguiente, supone un ahorro de dinero para el cliente, que, aunque parezca extraño, es algo por lo que me preocupo mucho, ya que me gusta que el grupo no se gaste más dinero del imprescindible. Además el que grabemos de esa manera nos permite tener una visión general de la canción. Sin embargo, no me agrada tanto como quisiera porque se trata un proceso aburrido en el que muchas veces acabas dando por buena la toma menos mala, por decirlo de alguna manera.

Por el otro lado está la grabación por partes. En principio, puede parecer un poco más artificial y un poco más pesada, pero a mí, con el paso del tiempo, me ha acabado pareciendo más creativa y más entretenida. Cuando grabo por pistas me gusta experimentar con sonidos y arreglos, hacer travesuras con los micros y las cintas, probar diferentes afinaciones, etc. Pero sobre todo, cuando grabo de esta manera, una de las cosas con la que más disfruto es la de grabar la batería al final. Parece que está establecido que la batería debe ser lo primero que tiene que aparecer desde que apretamos el REC, pero me he dado cuenta de que siempre encuentro lo que busco cuando la dejo para lo último. Muchas veces creo que la batería tendría que ser de una manera, pero cuando aparecen 4 o 5 guitarras, además de teclados, voces,… resulta que esa batería que grabé al principio no es exactamente la que quería; en cambio, cuando la grabo al final ya la puedo tratar de otra forma: muchas veces la he grabado en directo de una manera y he acabado sustituyéndola por otra.

Lo mismo pasa a veces con el bajo al que, como se graba al principio, siempre intentamos darle mucho cuerpo, pero luego resulta que de ese cuerpo no dejamos ni los huesos (cosa que a mí, como persona, me vendría muy bien). Por eso el bajo siempre lo grabo por línea y después, al mezclar, lo reamplifico, así tengo la posibilidad de darle el sonido que me gusta.

Bueno. También os comento que esto no tiene que ser siempre así ya que cada proyecto tiene su manera, pero lo que sí he de decir es que un 70% de mis grabaciones son en directo, por lo menos la base. Posteriormente estas grabaciones las pasamos a confeccionar por pistas y así podemos tener los dos mundos.

Como siempre os digo: que yo lo haga así, no quiere decir que sea como tiene que ser.
Espero que os guste.

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Esto se arregla en el mastering

Dos de las preguntas sobre mastering que más se me hace en el estudio son “¿Qué es el mastering?” Y “¿el mastering es realmente necesario?”

Parece que hay como una moda ahora de que no hace falta mastering, como si el mastering fuera una cosa de hoy día y de las grabaciones modernas. Pues no, el mastering es totalmente necesario y se lleva haciendo mucho, mucho tiempo. Lo que pasa es que ahora parece que lo hemos descubierto aquí y que todo el mundo es masterizador también. Mucha gente cree que masterizar es solo subir el volumen; sin embargo, creo que eso es solo una mínima parte del proceso. Mucha gente me pregunta por qué no masterizo yo en el estudio, y la razón principal es que no tengo absolutamente idea, además de que me parece aburridísimo —tengo más razones pero estas son las principales—. Admiro a aquellos técnicos que hacen directo, estudio y masterizan, pero a mí, sinceramente, ya solo grabar me parece que me supera, así que lo otro ya ni hablo.

He trabajado con muchos técnicos de mastering, incluso con algunos de primerísima fila como Bob Ludwig, Greg Calbi o Ted Jensen —entre otros—, y, de un tiempo a esta parte, como ya han dejado de impresionarme “los de fuera”, prefiero hacerlo con gente de aquí, que entienda lo que quiero. He de decir que aquí, en el estado español, hay gente muy competente, y, en concreto en mi ciudad, con quien obtengo muy buenos resultados. Así es el caso de Kadifornia con Mario Alberti. Cuando trabajo con él nunca tengo la sensación de que me está intentando mezclar el disco de nuevo. Intenta respetar la mezcla que yo hice y nunca me cuestiona el tema artístico. Sí que comentamos cómo está la grabación o si hay algo que le falta, pero nunca me llama para decirme que me he pasado con el compresor en la mezcla o que como las guitarras están por encima de la batería, no se escucha el bombo (como me ha pasado con otros estudios).

El mastering es necesario por diversos motivos como pulir esos detalles que cuando estás mezclando pasan inadvertidos o para que haya un poco de coherencia sónica entre las canciones, además de, por ejemplo, para evitar que suenen las lentas más fuertes que las rápidas, o que haya un exceso de agudos en las sibilantes «ssss» o cosas así. Pero no para subir el bombo porque el ingeniero de mastering piensa que hace falta más bombo, para lo que, si se diera el caso, está el productor. Un buen mastering hace que tu mezcla brille más; en cambio, un mal mastering hace que tu grabación sea una mierda. Por suerte, no hay demasiados malos masterings.

Por estas razones lo de “Esto en el mastering se arregla” es un poco mentira. El mastering tal vez lo disimule, pero si es malo, malo: puede ser menos malo.

Os dejo aquí con el pensamiento.

No vídeo, lo siento.

OTB, ITB… en cualquier caso te está mirando

Hola a toros, ¿qué tal estáis?

Hoy voy a hablar de otra nueva discusión en la grabación moderna. Lo que se llama o llaman “Mix in the box” or “Mix out the box”. Me imagino que todos sabréis más o menos a lo que me refiero, pero para el que no lo sepa lo explicaré. Bueno creo que… todos… lo… eh… sabéis… Bueno, que me dice Muni que lo explique porque habrá gente que no lo sepa.

Antes de la aparición de los ordenadores, la grabación se hacía en grabadores analógicos conectados a mesas de mezclas y a un equipo auxiliar, por lo que la señal en las mezclas pasaría a través de todo ese hardware. Sin embargo, hoy día, con la aparición de los ordenadores, el modus operandi ha cambiado bastante ya que hay gente que usa el ordenador única y exclusivamente como grabador, o sea, que no lo utiliza para procesar el audio, solamente para editar (como mover partes o arreglar algún fallo) y la mezcla la hace a través de un mezclador exterior. Esto se conoce como Mix out the box (OTB). En cambio, otros usan el ordenador como grabador y mesa, así todo el proceso se realiza en el entorno, sin salir de él: lo llamamos Mix in the box (ITB)… (Muni ya está tranquila).

Yo siempre que he intentado la versión ITB me ha dado unos resultados bastante decepcionantes, aparte de que me deja una sensación demasiado asquerosa. Me siento como un oficinista, al que se le ha esfumado el romanticismo de la grabación. He de decir que me gustan los ordenadores y que intento saber cómo funcionan muchos programas. Por ejemplo, uso Cubase y también Cubasis en el Ipad, pero a la hora de mezclar no me gusta nada ningún programa. Es que no me gusta modificar los volúmenes dentro del ordenador, tampoco no poder tener un control visual sobre lo que está pasando en la mezcla, detesto no tocar los botones que me permiten tener la sensación de estar mezclando, y, sobre todo, aborrezco cómo suena. Siempre que lo he hecho pienso: «Hombre, pues no está mal». Ya luego, cuando lo hago fuera de la caja, OTB, me doy cuenta de la realidad, de que el resultado de mezclar ITB es como todos estos emuladores de sonido, como el Hammond o el piano, que pueden sonar increíbles, pero que cuando usas uno de verdad, percibes lo lejos que están de lo auténtico.

Por supuesto que el ITB tiene una ventaja: la mezcla quedará ahí siempre para poder revisarla. Es lo que se llama “working progress” porque la mezcla ya nunca se acaba… jajajajaja. Toda la vida mezclando. Sabes que es abrir la sesión y solo tocar un volumen o lo que sea. Lo que en un principio se pensó como una ayuda, ahora se ha convertido en una agonía: sube, baja, grave, agudos… Never end. Pero ahí está.

Cualquiera que me conozca sabe que yo no soy muy técnico y sabe, además, que me muevo solo por lo que oigo. Por lo que cuando escucho algo que hago en el ordenador y lo comparo con algo que he hecho fuera de él, noto que el ITB suena sin vida, sin espacio y ahogado. No puedo o no sé saturar las señales, experimentar con feedbacks o cosas así. Que no digo que no haya gente que lo haga, pero a mí no me sale, y… ¡qué huevos! A la mayoría de la gente tampoco. Creo que por esta razón se inventaron los sumadores que son como pequeñas mesas de mezclas pero sin Eq. Como sacan del ordenador los volúmenes, por un lado lo liberan de gestionar todo el audio a través de su estéreo, y, por otro, permiten desahogar el sonido. Creo que se trata de una muy buena solución, ya que, como bien sabéis, soy de los que opina que es importante que suene bien, aunque eso reste comodidad.

Hay muchos y buenos fabricantes de sumadores. Uno de ellos es Pablo Kahayan, fabricante de equipos con el mismo nivel que el de los grandes constructores de todo el mundo, a quien le he preguntado sobre el tema y me ha dicho lo siguiente:
“Los sumadores analógicos se concibieron como un equipo que sirviera para evitar la suma digital interna en el DAW, que tiene el handicap de ser bidimensional, con poca profundidad y con sonido “a plástico”; y para devolver, en parte, el sonido cálido y agradable, además de esa dinámica tan característica de los equipos analógicos. Estos sumadores analógicos generaron un equipo nuevo y con personalidad propia. A ver si me explico. Los sumadores analógicos tienen el carácter de una mesa analógica pero con mayor pureza en el sonido , mayor apertura y una dinámica aún mayor que la de una mesa. El responsable principal de este hecho es la reducción del ruteo de la señal de audio al no pasar por tanta electrónica, por cada canal, como lo haría en una mesa. De modo contrario, los propios canales de la mesa, los buses, el sistema de monitoreo, etc, agregan una base al sonido de timbre y dinámica difícil de eliminar. Cuando hablamos de mesas de calidad es maravilloso y casi mágico, algo así como si hubiésemos agregado un efecto con un preset determinado que está siempre presente.
Soy un enamorado de las mesas analógicas y también soy un enamorado de los sumadores, por lo que considero que cada uno brilla con luz propia, de hecho, grandes ingenieros que conozco trabajan con sistemas multibuses que combinan mesa y sumador o sumadores, dependerá siempre de lo que estén buscando.
A un sumador puedes ir agregándole matices, mientras que a una mesa será difícil quitárselos. Son sólo herramientas que hay que saber dónde, cómo y cuál usar.”

Yo aún sigo usando tanto la mesa como el equipo exterior y espero que sea así para siempre. Como dicen los futbolistas «Yo estoy muy a gusto aquí y espero retirarme en esta casa» (aunque casi nunca lo cumplen).

El audio es gracioso, muy gracioso. Todos queremos micros antiguos o compresores antiguos, pero a la hora de la verdad (que es cuando mezclamos), nos lo cargamos con el proceso digital y tal y tal.

Voy a hacer un vídeo en el que habrá una misma canción con una mezcla ITB y la misma OTB. Veremos lo que pasa.

 

 

 

¿Hay vida después de neve?

Una cosa está clara: Neve es una gran marca que tiene detrás a una gran empresa que ha fabricado unos equipos increíbles, gracias a —y no lo pongo en duda— la sabiduría de Rupert (voy a tratarlo así, con mucha cercanía). Es totalmente cierto que sus previos antiguos son de una calidad impresionante tanto en construcción como en sonido, pero también es verdad que existen en el mercado otros equipos, cuanto menos, de la misma calidad, y que cuando salieron a la venta resultaron ser una competencia directa de la marca. Digo «cuando salieron» porque creo que hoy en día es complicado que alguna marca se pueda acercar al nivel de demanda que tienen los viejos productos Neve, ni siquiera los nuevos artículos de Rupert, a los que reconoce como superiores.
Bueno, hoy vamos a ver cómo suenan diferentes previos clásicos que han pasado a la historia en el mundo del audio. Unos previos que fueron muy usados y que para mí suenan todos muy guays, con la simple diferencia de que alguno cuesta entre 3 o 4 veces más que el otro. De ahí mi título “¿Existe vida después de Neve?” Pues claro que sí. Hay muchos equipos de una gran calidad que, por suerte, con el paso del tiempo, no les ha ocurrido lo mismo que a Neve, porque se han mantenido en un rango de precios bastante asequibles. Y me refiero a equipos como Trident, Api, Sphere, Cadac, Helios, etc.

En mi estudio tengo una mesa Neve BCM10, aclaro esto porque va a parecer que soy anti Neve, nada más lejos. Además también dispongo de bastantes módulos de esta marca y se debe a que me encanta, aunque no por ello signifique que todo mi material sea Neve porque, por ejemplo, para las guitarras me encantan los previos Daking, para los bombos y toms siempre uso los ecualizadores gráficos Api, y para la batería y Bus Stereo flipo con los compresores ADR Compex.y la mezcla ….cadac . Con esto, lo que quiero decir es que no hay que obsesionarse con las marcas, sino que hay que obsesionarse con el sonido, aunque sepamos que algunas son una buena garantía de ello.

Para el vídeo hemos comparado Neve, Cadac y Helios.

El que lo escuche que saque sus conclusiones…

Espero que os guste.

Soy un demagogo. Johny go, go, go.

Nos ha tocado vivir una época un poco «rara, rara, rara» (como diría Papuchi). Y se debe a que, por un lado, tenemos una suerte enorme por la cantidad de información a la que podemos acceder, pero, por otro lado, esa información muchas veces no la podemos asimilar (que no es mirar así en chino). Gracias a ella todos somos unos sabios, pero ¿en qué se traduce eso? Pues  en que siempre nos sale ese entrenador que llevamos dentro que cree saber quién debería jugar el partido y qué cambios hacer, sin plantearse si su hipotética alineación está en forma o no.

Me explico.

Creo que todos sabemos la teoría de lo que debemos tener en cuenta para conseguir una buena grabación. Está claro que, como siempre, hablo desde mi experiencia, ya que me he encontrado con que en un porcentaje muy, pero que muy grande —yo diría un 95%—, pertenece a grupos autofinanciados con mucha ilusión, muchos de ellos con grandes canciones, pero con poco, poco, presupuesto. Cosa que en el fondo me mola mucho. Con respecto a esa teoría se me ocurren unos cuantos factores que os paso a enumerar pero no por orden de importancia:

  1.  Tener un buen equipo: previos, micrófonos, eq, compresores, etc.
  2.  Tener ese equipo en óptimas condiciones: todo revisado, recateado, válvulas funcionando bien, micrófonos sonando bien, etc; además de tener repuestos por si acaso pasa algo, o que esté algún técnico en el estudio para lo que sea.
  3.  Buenos instrumentos y en perfecto estado: guitarras que afinen bien, cuerdas en buen estado, recambios de cuerdas, pianos afinados, teclados revisados, parches de batería nuevos, etc.
  4. Buenos instrumentistas, y no me refiero a que sean los más técnicos del mundo, sino a que sean capaces de resolver sus propias canciones con holgura, que posean un buen sonido además de un buen tempo y que sepan reaccionar a una sugerencia sin problemas.
  5. Tiempo para poder sacar el mejor sonido y ejecución posible: como elegir entre diferentes micrófonos para un toma de voz o batería, elegir cuál sería el mejor instrumento para la canción, o la afinación de la batería… El tiempo es dinero, por lo menos en mi estudio.
  6. Un asistente para que te ayude: por ejemplo, que pueda poner los micros mientras tú haces otras cosas o lo que sea lo que hace un asistente.
  7. Ser un buen técnico y conocedor de tu equipo.

Todo esto y más hace que aumenten las posibilidades de sacar adelante una buena grabación; sin embargo, aún así nadie te lo asegura. Pero vayamos más allá pues ¿qué pasaría si esos puntos se te volvieran en contra?

  1. El equipo que tienes es el mejor que puedes permitirte y que dista mucho de ser el que a ti te gustaría tener.
  2. El equipo no está en óptimas condiciones puesto que siempre hay algo que no funciona o que hace ruido, y como no tienes un técnico en el estudio tienes dos alternativas: si es muy grave, paras la grabación; y si es algo de lo que puedes prescindir, esperas para mandarlo a que te lo arreglen.
  3. Lo mismo que el punto 1, tenemos lo mejor que nos podemos permitir. Generalmente, y lo digo por experiencia, los grupos no traen ni cuerdas, ni parches, a veces ni baquetas. Y lo entiendo, porque si tienes que empezar una grabación de 1000 euros, no puedes gastar más del 10% en ese tipo de cosas.
  4. Pues lo mismo la gente hace grupos de muy jóvenes y van aprendiendo. Otros tantos son conscientes de que lo que tocan es lo que tocan, y que en algunas ocasiones es difícil lograr un sonido adecuado, cosa que me parece bien. Todos tenemos que ser conscientes de lo que hacemos: unos como instrumentistas y otros como técnicos; en concreto, yo no tengo muy buen concepto de mí.
  5. Cuando tiempo es dinero… Este punto…, ¿qué os parece si lo pasamos?
  6. Jajajajaj jajajajaj jajajajaj cuando asistente es dinero… Este punto…, ¿qué os parece si también lo pasamos?
  7. Pues como los otros puntos: somos el mejor técnico que podemos ser. Y lo que tenemos que ser es menos teóricos y más prácticos

La demagogia en la grabación no existe, porque no sabes lo que va pasar en una sesión. Lo que hay que hacer es grabar lo mejor que se pueda, por lo que si hay que grabar un disco en tres días y resulta que se te estropea tu micro favorito, pues lo que debes hacer es coger otro y ya está… ¡Y tendrás que colocar tú los micros o recoger el estudio!

Teoría, teoría, teoría…

Bueno ya no escribo más que me estoy cagando.

Por cierto, os dejo un previo sobre mi próximo vídeo.

 

Vintage: cuestión de tiempo (atención al rollo que suelto)

Estamos, abrigos míos, ante uno de los mayores engaños de la industria musical de los últimos años: que todo lo vintage mola, o que se justifique el precio de algo simplemente porque lleve una válvula. Pero en fin…

El hecho de crecer y de cumplir años tiene bastantes inconvenientes (no voy a hablar de esto ahora), pero también tiene alguna ventaja. Una de ellas es que he podido ver y escuchar muchos equipos, algunos muy buenos y otros no tanto. La cosa es que algunos que eran muy buenos, de repente la gente ha dejado de usarlos, en algunos casos, o cambiarlos, ya bien por equipos no tan buenos y que luego se han revalorizado a lo bestia; o bien, a la inversa, donde algunos equipos malos se han cambiado por buenos y luego se han revalorizado también a lo bestia. Para esto del vintage tendríamos que poner en marcha la ley de “Memoria Histérica” en la que se diera respuesta a ¿cuándo un equipo pasa de ser antiguo y obsoleto, a vintage? Es como si a los equipos les bajara la regla por primera vez, donde le diría la reverb digital hija a su mamá, la reverb de placas: “Mamá, mamá, ya me ha bajado el threshold. Ya soy vintage”.

El hecho de que alguien te venda algo y le añada la coletilla de vintage es como si lo revalorizara, ¿por qué esto no ocurre en todos los ámbitos de la vida? Por ejemplo, que vuelvan a fichar a Di Estéfano. Ese sí que es vintage.

Vintage no es sinónimo de bueno. Es aquí donde aparece la Memoria Histérica y digo histérica porque nos volvemos locos. Algo que era una auténtica mierda antes, ¡sigue siendo una mierda ahora! Claro está que me refiero a esas cosas que en su tiempo no servían para nada. No hay que fiarse de las cosas por comparación, y decir “es que ahora se construye fatal” porque, entonces, cualquier cosas mala antigua, hoy sería vintage y buena. Por lo tanto, la política sería muy sencilla; sacas una porquería al mercado y luego la retiras ya que con el paso del tiempo algo ocurrirá en los circuitos y en el chasis y se transformará en algo bueno.

Se han hecho (y me meto en el saco) auténticas burradas. La gente se ha quitado cosas de encima increíbles y las ha cambiado por otras manifiestamente peores. Yo conocía a gente que se deshizo de mesas Api por una mesa Allen&Heath, simplemente porque la nueva tenía una válvula en el circuito, o gente que cambió micros U47 por CAD, o multipistas Studer por Alesis. Que yo sepa, esto le ha pasado a todo el mundo. Y si no, no tenemos más que fijarnos en cuando los Beatles pasaron de la Telefunken a la Emi TG, aunque no deberíamos tenerlo en cuenta porque en los años 80 y 90 el mercado era diferente, ya que se suponía que lo digital sería la nueva revolución, mientras que lo antiguo vendría a ser sinónimo de “no moderno”. En esos años 80 y 90, los grupos demandaban lo digital. Yo mismo, en el primer disco que grabé, pagué un plus por mezclarlo en DAT (¿os suena eso?). Nos dijeron: “Tenemos este Studer para la mezcla o el grabador digital, ¿cual preferís?”  —”¡¡¡EN DIGITALLLLLLL!!!”—respondimos nerviosos. Su contestación: “Ya, pero en digital es más caro”. El DAT era una mierda entonces y ¡es una mierda ahora! Había una desinformación total. Ahora esto no pasaría, porque hoy día no cambiarías un Api por algo mucho peor. Sin embargo, lo que sí se da es que somos capaces de cambiar algo mediocre, por algo malo, malo, malo, simplemente porque es antiguo. No nos olvidemos que a todo esto le tenemos que sumar las modas (que no se quién huevos se las inventa y decide lo que se tiene que usar). Un claro ejemplo de lo que ha sido la moda lo encontramos en los famosos Yamaha NS10, que por cierto ya son vintage.

Ahora bien.

Existe equipo vintage o antiguo que es increíble, que está vigente y que suena brutal, por lo que entiendo que todo el mundo flipe con ellos. Los viejos previos de Telefunken, los viejos Neve, los Cadac, Neumann, EMT…, son equipos que a cualquiera le gustaría tener pero ¿realmente valen el precio que te piden? Y ¿actualmente se fabrican equipos que suenen como los antiguos? Pues yo tengo la respuesta para las dos preguntas (sí abrigos míos, yo soy el indicado). A la primera pregunta os respondo: hay equipo vintage bueno a precio razonable. Por ejemplo, las mesas y previos Cadac que son de altísima calidad y que se pueden encontrar a un precio razonable. En cambio, hay otras marcas que se han convertido en estándar y que, para mí, no tienen un precio razonable. Con respecto a la segunda cuestión, creo que hoy en día nos podemos encontrar con ciertos equipos que se construyen y que suenan muy bien. Por ejemplo, se supone que Api lo hace igual que antiguamente o que Rupert Neve confecciona equipos increíbles; incluso, si nos metemos en clones, podemos dar con gente como BAE en América o Heritage aquí, en España, que reproducen meticulosamente ese sonido de los viejos Neve, o gente como Kahayan, aquí también, que fabrica equipos de alta calidad, equipos nuevos con ese sonido clásico. Incluso os digo, con respecto a los clones de buena calidad, que hace tiempo tuve la ocasión de comparar un Akg C12 con Flea C12 en una escucha ciega (no es que estuviéramos borrachos) y ganaba el Flea.

El problema viene cuando se intenta recrear algo pero abaratando costes. Entonces ya no es lo mismo. Hay que construir con rigor, bien, con buenos materiales. Hay marcas que intentan reeditar sus equipos clásicos pero no consiguen el mismo resultado. Un ejemplo, desde mi punto de vista, lo vemos en los nuevos Neumann que no suenan igual que los antiguos, aunque no tengo claro si lo que quieren es recrear esos micros o buscan otra cosa. Lo mismo ocurre con las nuevas ediciones de algunos micros de Akg como el nuevo D12, que no suena como el clásico. Incluso, para mi gusto no suena nada mal, pero, insisto, no como los antiguos. También es cierto que los equipos nuevos tienen que ser usados y cuanto más se usen, mejor sonarán. O eso me parece a mí.

Si se construye con buenos materiales, tendremos buenos equipos; sin embargo, hay que pagarlo, y muchas veces no está el horno para bollos, aunque gracias a la información que hay hoy en día y a la diversidad de materiales de los que se disponen, hoy tenemos muy buenos fabricantes. En España gente, como los ya antes mencionados, Kahayan o Heritage realizan equipos que, incluso, se venden fuera. Yo también poseo alguna pieza de fabricación moderna que realmente me gusta mucho. Además, no debemos perder de vista que a la buena fabricación debemos sumarle algo que creo que es importante: el diseño. Y, en cuestión de diseño, ya está casi todo inventado y eso se debe a que ahora nos encontramos prácticamente con recreaciones de esos equipos que tanto nos gustaban.

Tengo predilección por las cosas antiguas: mucho por como suenan y otro mucho por romanticismo. Me gustan los diseños antiguos, me gustan los sonidos antiguos, y los discos antiguos; de hecho soy antiguo y mi mujer más antigua que yo; es más, ella ya es vintage. Pero también me gustan los nuevos equipos, algunos que copian y otros que innovan, me gusta el Distressor, o los nuevos Neve o… ¡Muchos otros!

Le he preguntado a alguna persona su opinión, y esto es lo que me ha comentado alguno que otro, como Sergio Castro, de sobra conocido por http://www.reflexion-arts.com e ingeniero de sonido con más experiencia de la que seguramente le gustaría a él. Un referente aquí y allá:

«Hay equipo actuales, que sin intentar reproducir las características (y las limitaciones) de los “vintage” los superan con creces. Rupert Neve es un buen ejemplo de eso. A sus 88 años, su preocupación suprema sigue siendo superarse, echando mano de la tecnología analógica (eso sí) más puntera para disminuir ruido de fondo, distorsión por intermodulación y la compresión térmica de sus cacharros, para luego tener que re-inventar el Silk y la distorsión bajo control, puesto que la “comunidad” se lo pide. Cyril Jones, de Raindirk, sufre el mismo dilema. Hasta los de Audient se equivocaron rotundamente al perseguir soluciones de audio hiper transparente. Es que somos animales de hábitos y tenemos el mal hábito de gustarnos la distorsión (a los guitarristas más todavía).
No hay duda, cuando los Animals grababan en un par de horas, no más, The House of the Rising Sun (entre su entrada en el estudio y el momento en el que el primer vinilo llegó a las tiendas pasaron 12 horas solamente), soñaban seguramente con la posibilidad de grabar las voces y cada instrumento en pistas separadas, con un cacharro de 16 pistas que aún estaba por inventar, en que la cinta fuese capaz de una relación señal—ruido alrededor a los -50dB. Hoy, con la calidad de conversores en el mercado (y no los voy a enumerar) y 130dB de dinámica en conversión, la Memoria Histérica, como la llamas, nos empuja a desear el fruto, no prohibido, pero maduro que huele, de las máquinas multipista “vintage”. Muchas de ellas no han sido afinadas y revisadas en los últimos 20 años, por lo menos. La idea es recrear el sonido de esa época, pero la gente se olvida que esa época no se puede repetir y que, más que los aparatos, eran los MÚSICOS quienes hacían esas canciones fantásticas. MUSIC is the BEST.»

Segio Castro

 

 

Bueno esta fue su opinión y aquí os dejo mi vídeo semanal con algunos ejemplos