Esto no se arregla ni en la mezcla, ni en el mastering, ni en el vinilo…

En esta nueva entrega de mis geniales reflexiones que me han hecho recorrer todo el mundo, hoy voy a escribir sobre el tópico de “Eso se arregla en la mezcla o en el mastering”, y para eso voy a empezar con un ejemplo gráfico.

Si tú estas construyendo una casa —sí, tú, quien me lee ahora— y la empiezas con mal pie, puede ser que la casa se vea bonita cuando la acabes, pero al cabo del tiempo las tuberías se romperán y la pintura y los azulejos se caerán. Al cabo del tiempo reflexionarás y caerás en la cuenta de que todo fue porque no usaste los materiales o la técnica adecuada. Pues en la música ocurre igual, con la diferencia de que ni se caen los acordes, ni se gasta la voz o cosas así. Mi sugerencia (y esto no quiere decir que sea lo que siempre hago, porque yo también puedo cometer errores mientras grabo, que luego tengo que arreglar en la mezcla) es que desde el principio hay que intentar hacer las cosas bien, y, cuando digo desde el principio, me refiero desde que el grupo entra por la puerta. Es preferible perder un poco de tiempo en grabar una toma lo mejor posible y sin errores. Los errores a los que me refiero tienen que ver con los que puede cometer el que está cargo de la grabación o producción, quien se tiene que asegurar de que los instrumentos estén bien afinados, de que los sonidos sean los adecuados, y de que se hagan las mínimas ediciones posibles. Vamos, que si tiene todo eso en cuenta, a medida que vayamos asando la grabación todo irá (que no me refiero al grupo terrorista) muy bien.

La mezcla es eso: mezclar lo que grabamos. No tiene que convertirse en un taller de chapa y pintura, sino de lo que propiamente se trata: un proceso de retoques y ajustes, en el que se le intenta dar sentido a todo aquello que hemos grabado, no siempre con éxito (por lo menos en mi caso). Hay que estar muy concentrado en que todas las pistas que grabamos cobren sentido, porque si hemos hecho una grabación que es una mierda, la mezcla será una mierda. Igual lo podremos disimular, y esa mierda la podremos convertir en una caca; pero, al fin y al cabo mantendrá su esencia: MIERDA.

Luego llega el mastering, un proceso que la gente asocia con pasarle agua bendita al resultado de la mezcla y ya está. Hay quienes piensan que el mastering guarda cierto parecido con mandar las canciones a Lourdes —y no me refiero a Russian Red—. El mastering es el retoque final, un proceso que sirve para que tus mezclas suenen coherentes. Sin embargo, si la grabación es una mierda y tu mezcla una caca, el mastering conseguirá que tengas una caca a más volumen, con más graves o agudos.

En fin, tenemos que intentar hacer las cosas bien desde el principio, pero no nos confundamos: esto no nos asegurará obtener una buena grabación. Un último ejemplo gráfico para terminar. La grabación, mezcla y mastering se parecen a las mentiras, cuanto más tardemos en decir la verdad peor será, porque todo se irá (y ahora sí me refiero al grupo terrorista) liando cada vez más. Por lo tanto, cuantos más problemas tengamos que solucionar en la mezcla o en el mastering: peor.

Esto

esto

esto fue todo amigos (pon la voz de Porky para esto).

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