Cuestión de decisión (Me-Cago en el work progress)

Qué guay es la grabación digital. Qué guay resulta abrir una sesión y tener 2590 pistas, cómo mola poder tener 34 solos donde elegir y 200 tomas de voz que compilar en una. Qué bien que podamos retocar la mezcla hasta que nos aburramos de la canción. Bienvenidos a la verdadera mentira del digital. No me refiero con la mentira a que no suene bien o suene mal, o a que podamos dar la vuelta a las pistas, o cortar un estribillo o afinar las voces (trabajo que ya se hacía con los analógicos)sino a la mentira de que todo es más fácil, cuando la única verdad es que lo digital nos ha convertido en unos indecisos, en personas sin carácter, sin decisión. Así que si eres un inseguro, estás tu mundo, como el ludópata que vive en el salón de un casino en las Vegas —no me refiero a las hermanas de Nacho Vegas, quien, por cierto, solo tiene hermanos—.

Hoy solemos abandonar las ideas importantes que surgen durante la grabación para el final como si tuviéramos algún interés por ocultar el problema porque pensamos que se solucionará al final. Lo escondemos como a ese familiar del que no hablas porque te avergüenzas.

Para mí (repito: para mí) es muy importante tomar decisiones a medida que transcurre la grabación. Odio cuando se dice: “Vamos a grabar 23 tomas de ese bajo, que luego ya veremos en la mezcla”. ¿Por qué es importante tomar decisiones? Porque según mi manera de verlo, (y no quiero decir que sea la buena) las canciones se van construyendo a partir de los arreglos y de los sonidos, que son los que te pueden llevar hacia un sitio u otro. Por lo tanto resulta fundamental tomar las decisiones al momento e ir pasando de pantalla.

Dicho lo anterior, alguno de vosotros podría pensar: “Qué tío, va de sobrao  (pa siego). Qué claro lo tiene todo.” Pues tú, el que lo está pensando, te equivocas. Evidentemente habrá cosas que deje abiertas, debido a que desconozco por dónde acabará la canción. Por eso, prefiero curarme en salud y grabar la batería con más micros de los que suelo usar en la mezcla y así poder jugar con ellos después en la mezcla, que me permitan tener un radio de acción al abrir los rooms o cerrarlos en determinados momentos, por ejemplo. No me puedo adelantar a los acontecimientos, por lo que  hasta que esté todo grabado no lo sabré qué micros usaré para la batería. También grabo casi todo doblado, por la misma razón de la batería; nuevamente, esto no quiere decir que lo termine utilizando porque dependerá de la mezcla, aunque sí tengo claro tanto su sonido, como el arreglo correspondiente. Por último, prefiero dejar las percusiones para el final ya que me gusta añadirlas en la mezcla pero siempre sin pasarme.

Precisamente como tengo estas 3 cosas pendientes en la mezcla, decisiones timbricas o sónicas, no me gusta dejar para este momento más decisiones que llenen el saco,porque mi cerebro tiene que estar concentrado en la mezcla y no pensando en que “ahora viene esta canción, luego deberemos elegir qué toma aparecerá de voz o de batería…” Claro que con el mundo digital todo parece tan sencillo. Ya nos encontramos con que bastantes cosas pasan en la mezcla, como para tener que pensar en otras cuestiones que podrían estar solucionadas. Siempre que grabo, procuro comentarle al grupo que debemos afrontar los problemas con decisiones importantes desde el principio, y eso se debe a que prefiero detener un poco el trabajo para que haya comunicación, antes que empezar a llenar el disco duro con cosas innecesarias que tienen como resultado un problema de tiempo y de espacio —si juntas esto último tenemos despacio: dícese de cómo transcurre el tiempo en una grabación—.
Pero aún nos falta lo peor, ya que llega el momento de empezar a tomar las decisiones finales porque es la hora de ¡¡¡LA MEZCLA!!! En este momento, sí que el entorno digital se sale. Esto no se acaba nunca gracias al work progress (creo que lo llaman). Pues ME CAGO en el work progress. Vamos, este tipo de tarea consiste en que la mezcla que tú hagas, podrá retocarla el grupo eternamente. Así es normal que se den conversaciones como: “Sí, está bien, pero… ¿la voz podría tener 10 milisegundos más de reverb?” —entonces abres el proyecto de nuevo y le das eso que pide—. “Muy guay, pero… ¿el bombo podría estar más alto?” —abres el proyecto y lo haces—. “Ahora genial, pero… ¿quizás la guitarra del sólo podría estar más arriba?” —abres el proyecto mientras te empiezas a cagar en el working progress—. Por suerte, este tipo de situaciones no me suelen pasar porque dejo bien claro que mi mezcla es analógica, entonces no existe eso del working progress. Sin embargo, lo que sí existe es el working finish.  ¡¡¡ahhhhhhhh!!!, pero espera un poco. ¿Acaso creíste en algún momento que nosotros podíamos librarnos? Pues no, abrigo mío y es debido a que existen los stems que consisten en que una vez mezclada la canción a tu analógico, comienzas a volcar pista por pista, o grupos de pistas, tal como las tienes mezcladas, a tu ordenador, para que así, si las juntásemos todas en el ordenador y las pusiéramos al mismo volumen, podríamos tener la mezcla y retocar el volumen que quisiéramos.

El indeciso respira y empieza a masturbarse de nuevo con los volúmenes: sube, baja, sube, baja, sube, baja, paja.

Pero para eso necesitas tiempo y no me refiero a lo de masturbarse, sino a los stems. Si la canción dura 4 minutos y tiene 50 pistas, pues son 4 minutos por 50 pistas al pasar cada una por separado…, tardarás menos si usas grupos de pistas… Pero repito: a mí no me suele pasar. Primero, porque mi mezcla es analógica y, segundo, porque no tengo tiempo para esa mierda de los stems (excepto para lo instrumental y para la voz). Al terminar la mezcla, mi método suele consistir en subir la mezcla a Soundcloud para que cada uno del grupo pueda escucharlo en su dispositivo móvil. A continuación, les pido que se fijen muy bien en lo que escuchan, porque si hubiera que cambiar algo, todavía estaríamos a tiempo. Aún así, cuando acabo de mezclar me dicen: “Está muy guay, pero… ¿en la primera se podría quitar la mandolina?” —”Arhhahrhshehahaherhrhrhrhrh” —grito interiormente, mientras se me salen los ojos de las órbitas como al malo de Mad Max— “¿Qué no has entendido de lo que te dije?”

Sinceramente, creo que necesitamos un diccionario técnico-músico / músico-técnico.

Me gusta el analógico porque te convierte en alguien más responsable y decidido, además de que te hace aprender de tus errores.

¡VIVA LA DECISIÓN! O no…, bueno… no lo sé…, quizás sí, pero… ¿Eh?

Gracias…, o no…, bueno…, esto…, no lo sé…

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