A mí siempre me dijeron que mezclar no era bueno

Hola otra vez.

Hoy voy a hablar del moustrou de la grabación al que todos tememos: LA MEZCLA. Jajajajajajajaja
(risa de miedo a tope de reverb, rollo película).
Si nos ponemos técnicos, deberíamos tener en cuenta que la mezcla no es lo más importante, a diferencia de la captación del instrumento que sí lo es, ya que con una buena captación conseguiremos llevar a cabo una mezcla, por lo menos, más agradable, aunque esto no quiere decir que vaya a ser mejor, sino que nos facilitará el trabajo.

En fin, hablemos un poco de la mezcla. ¿Qué es la mezcla? Pues ni más ni menos que eso, mezclar las pistas que hemos grabado, ensamblarlas unas con otras, un proceso que se puede hacer de muchas maneras, aunque, generalmente, la buena es una. Entonces, ¿por qué la tememos? Básicamente, porque las cosas ya empiezan a ser definitivas y ¿qué hay más terrorífico que algo definitivo? Jajajajajajaja (de nuevo una risa de película con reverb).

Os voy a hablar de cómo veo este asunto de la mezcla. Para mí, en líneas generales, se trata de un proceso muy rápido y es que, como mínimo, suelo mezclar 3 canciones por día, aunque lo normal son unas 4 o 5 o, lo que es lo mismo, 1 canción cada 3 horas. A veces, cuando las termino, me siento algo extrañado porque, en el momento de empezarla, siempre imagino que va a sonar guay y, cuando ya casi lo tengo, después de hacer los típicos retoques, ese “Creo que va a sonar guay” se transforma en “¡Mi madre, qué paquete soy!” por lo que al final tengo que quedarme con la opción que menos menos me disgusta.

A pesar de todo, me encanta creer que mis mezclas son mezclas con vida, con instrumentos ocultos que, con el paso del tiempo, el que escuche la canción acabará descubriendo. Si ya habéis leído mis anteriores post, sabréis que suelo aprender mucho de los grupos que vienen al estudio y es por eso que hace ya unos años estaba grabando a un grupo que me gustaba mucho, Carrots. Recuerdo que, en un momento de la grabación, me comenta Willy: «Paco, esto es para grabarlo, pero luego no debería escucharse en la mezcla». En ese instante pensé “menudo tío, que chorrada más grande. Si no quiere que se escuche, que no lo grabe”. Al final lo grabamos y caí en la cuenta de que lo único que no era acertado en aquel momento era la definición, ya que no se oye, sino que se escucha. Si lo quitabas, faltaba algo; en cambio, si no lo eliminabas, aportaba un “yo que sé” a la mezcla, aunque no se oyera mucho a simple oreja. Todo esto para decir que en la mezcla nos podemos encontrar con arreglos e instrumentos que no se tienen por qué escuchar a la primera, que tendrá que pasar el tiempo y, de repente, un día, te darás cuenta de que había algo que no habías escuchado en anteriores reproducciones.

No hay muchas cosas que se digan de mí y que me molesten. La verdad es que tengo asumido lo que soy (miércoles). Pero sí me molesta bastante cuando recibo como halago «Qué guay está la mezcla. Se escucha todo» (a no ser que se trate de una guitarra sola o un piano y voz). No ha terminado de decir “todo” que ya estoy tirando todo abajo y empezando de nuevo.

Las mezclas son para disfrutarlas para que así se vuelvan creativas y divertidas. Esas son las que me gustan, cuando de repente te sorprende un simple movimiento de algo que te transporta a un lugar que no esperabas. En la mezcla no existen sonidos altos o bajos, sino que todo se encuentra dónde y como lo queremos. Es más, recomiendo mezclar y no volver a escuchar la mezcla hasta dos o tres años más tarde. Vale, ya sé que mucha gente es impaciente, pero es un buen ejercicio.

Hay discos clásicos de los que incluso sus autores opinan que están mal mezclados; sin embargo, nadie se da cuenta porque como el disco lo conocimos así, no percibimos esa mezcla tan mala de la que ellos hablan. Me parece un error ¡¡¡TERRIBLE!!! —si lo leíste temblando la voz, mejor— volver a mezclar los discos clásicos. ¡Eh, tú! ¡Sí, tú! El que está leyendo esto. Atiende: los discos mezclados, ni tocarlos.

Como diría Golpes Bajos: “No los toques, por favor”

Me encantan las mezclas analógicas. Sé que la mayoría de la gente piensa que el con el ordenador todo funciona mejor, pero ya sabéis que a mí me gustan más lo minoritario. También estoy al corriente de que hoy en día se valora muchísimo retocarlo todo hasta el último detalle; aún así, yo prefiero escuchar bien la canción y darme cuenta en el momento de lo que está mal, y así arreglar lo que consideré que no iba por buen camino. Me gusta pensar que hemos conseguido la mezcla buena, en la que un golpe de bombo más alto o más bajo no va ha hacer que la canción mejore o empeore.

También hoy existe la preocupación por la remezcla. Recuerdo que estaba grabando un grupo y antes de mezclar estaban pidiendo días para la remezcla. ¡¡¡¡¡¡¡PERO ES QUE ESTAMOS LOCOS!!!!!!! Hay que disfrutar el momento —¡Oh capitán, mi capitán!—.

Ahora estoy empezando a cogerle el gusto a mezclar, a ver lo que me dura.

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Grrrrr chino crugggg raggg ruido ruido ruido 

Hace como un año, o más, tuve un problema con un amplificador: iba descalzo por casa y el dedo meñique de mi pie tropezó contra él y se rompió (el dedo, no el ampli), se quedó colgando (el dedo, no el ampli) y tuvieron que pasar tres meses hasta que se recuperara del todo. Lo que más rabia me daba era que, curiosamente, cuanto más cuidado tenía con el dedo, más veces me lo golpeaba. En una de mis visitas al médico, le comenté lo de los golpes, y le pregunté que algo me tendría que pasar con mi aparato locomotor. Él me respondió una cosa que, desde entonces, no dejo de darle vueltas en mi cabeza. Me comentó que no me preocupara, porque nosotros, los humanos, o sea yo, estamos golpeándonos todo el tiempo, y que parecía que me daba más, simplemente porque en ese momento el dedo estaba sensible.
En fin esto me sirve para explicar, desde mi humilde posición de genio, que las grabaciones, por lo menos las mías, están llenas de ruidos, ruidos de todo tipo. En el momento en que usamos instrumentos con micrófonos, estamos expuestos a los ruidos, y realmente no pasa nada, pero nada de nada.  Cuando combino la mezcla con la grabación analógica, se produce el Hiss (que para quien no lo sepa se trata de ese ruido agudo, como de soplido, que produce la cinta) o también puede haber Hum. Y es algo que no me preocupa demasiado, entre otras cosas porque, luego, en el mastering tendré herramientas para solucionar esos presuntos poblemas —sí he dicho poblemas (problemas de pueblo)—. No tenemos que focalizar y centrar toda nuestra atención en ese ruido, porque si caemos en la trampa, un pequeño ruido se convierte en gran ruido.
Muchas veces me preguntan si reviso pista por pista para ver si hay ruidos o clips o lo que sea, y mi respuesta es que yo solo elimino los ruidos que se oyen. Ahora bien, si vamos a sacar el disco con solo el bajo, entonces la cosa cambia.

Creo que, primero tendríamos que definir ruido y luego tendríamos que ver qué grabamos. Me resulta gracioso que a muchos les molesta el ruido de los vinilos y otros lo ponen pero ¡¡¡¡¡¡estamos locos!!!!!! A unos le molesta las distorsiones y otros las añaden PERO ¡¡¡¡¡¡¡ESTAMOS LOCOS!!!!!!! A unos les molestan los ruidos de vibraciones de los amplis y otros los potencian, PERO ¡¡¡¡¡¡ESTAMOS PACO LOCO!!!!!!!
En fin, los ruidos son parte de la grabación, pero no una parte irrelevante, sino todo lo contrario: muy importantes. Muchas veces son fortuitos y pueden aportar algo inesperado; en cambio, otras veces son asquerosos y es por eso que los quitamos ¡OJO! de la misma manera que un solo asqueroso o una voz vomitiva.

Curiosamente cuando grabé a gente que, en principio, tenía un rollo como más delicado y como más sutil fue cuando más permisivos fueron con los ruidos. Recuerdo que mientras grababa a Josh Rouse me llevé una gran sorpresa cuando, al terminar una toma, le comentaba que tendríamos que repetirla porque no había ajustado bien el previo durante la prueba de la voz, por lo que no se escuchaba limpia, sino un poco ruidosa y con algo de saturación. Cuál fue mi sorpresa cuando me comenta que no le importaba, que era parte de la grabación, que si la toma era buena, daba lo mismo. Otro caso que recuerdo, tiene que ver con la grabación del disco de Mikel Erentxun. Me imaginé que sería alguien bastante meticuloso con los ruidos, me sorprendió haberme equivocado y que fuera todo lo contrario: cuantos más ruidos, mejor; micro que se abre, ruido de baquetas, tos… y todo lo que uno se pueda imaginar, sobre todo en los finales. ¡Que hay gente que se tira una hora para editar un final sin ruidos!

Mirad, no soporto que después de una mezcla de 4 horas, la gente, tras haberlo escuchado por los cascos, me diga: hay un pequeño ruido en el minuto 2, como que entra una pista durante 0’2 mili segundos.

PERO ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ESTAMOS LOCOS!!!!!!!!!!!!

Sí, lo reconozco, hay un ruido que sí me molesta, y mucho, y es la mardita claqueta que se cuela por los micros por culpa de ese volumen brutal que sale por los cascos… Los demás, pfff, casi que me dan lo mismo.
Llamadme cerdo si queréis (aunque preferiría Paco), pero los ruidos son como las manchas en la camiseta y quien me conozca sabrá que llevo muchas, pero ¿eso me hace peor que el resto?
Viva el noise