Conoce bien a tus músicos

  • Ola k ase (sé que es antiguo y que está pasado, pero yo lo descubrí hace poco) en el blog K ase

Hoy voy a intentar diseccionar a través de un estudio nada minucioso algo que será muy valioso para el futuro de la humanidad. Voy a hablar de ¡¡cómo se comportan!! los músicos de un grupo: los baterías, los bajistas, o los cantantes.
Todo esto lo diré desde el cariño, así que espero que nadie se enfade por esto.

El batería

Sobre todo, tenemos que entenderlo, ya que, el pobre, está sometido a un gran estrés, básicamente porque se pasa el día dando golpes, así que será normal que termine medio tocado y que no esté muy allá. Dentro del grupo, suele ser el más chiflado y raro. Imaginaros que vais a la cocina y empezáis a zurrar con un rodillo todos los calderos, acabaríais locos ¿o no? Suponed entonces que tenéis que hacerlo varios días, semanas, meses, e incluso, años seguidos sin parar. Hasta bastante cuerdos están ¿no creéis?

Por lo general tienen una querencia brutal a los platos. Sería un shock para ellos quitarles la sensación de ese chirrido cósmico que producen los platos, que los hace estar en una burbuja sónica a la cual nadie puede acercarse. Tengo entre manos un diseño, que aún está en fase beta, en el que los platos expulsan el sonido hacia el batería. Estoy plenamente convencido de que así se cortarían un poco más.

Otra característica del batería es que, como suele estar aislado, tiene la sensación de que la canción está vacía y por eso intentan rellenarla lo máximo posible, se ven en una especie de compromiso, de responsabilidad con ella. Ah, bueno y ¡luego muchos piensan que por ser baterías pueden ser percusionistas! —esta frase la aprendí de Ken Stringfellow de The Posies—. Como si el guitarrista pudiera tocar el violín simplemente porque tiene cuerdas. Sí, realmente se trata del que más papeletas tiene, pero no tiene por qué ser el más adecuados para ello.

El bajista

El guitarrista

Bueno, bueno, b-u-e-n-o; con la inglesa hemos topado. El más tikismikis y los tonys del grupo, generalmente el compositor de las canciones y más maniático de todos. Su guitarra o guitarras son lo más importante, para ellos no existe nada más. Habitualmente no escucha lo que hacen los demás, toooodo el tiempo dibujando, parece que tiene implantado en el cerebro un chip que le impide escuchar nada más que lo que toca, aunque creo que ni eso, ya que, curiosamente, durante la mezcla siempre quieren que su instrumento suene más fuerte. Por lo tanto, ¿cómo es posible que sin escuchar al resto, siempre piensen que la guitarra no esté lo suficientemente alta? Se nota que es quién compone las canciones porque suelen empezarlas todas. ¿Y la manía de los solos? Por favor, qué #%¿$!# manía. ¿Por qué todas las canciones tienen que llevar un solo? Ojo, que lo digo yo que soy guitarrista, o mejor dicho, chapurrista —dícese de la persona o animal que chapurrea la guitarra—.

El teclista

Este miembro no es muy habitual, por lo menos en los grupos que grabo. Suele ser el que estudió música y con el que siempre sale la conversación de que tiene la carrera de piano, 6 años de violín y 5 de dedos negros tercer dan. En un principio, la gente puede pensar lo increíble que supone contar con este tipo de grandes estudiosos; sin embargo, en la mayoría de las veces se convierte en una pesadilla, porque, a no ser que tenga cultura de pop o rock, suelen estar muy perdidos. Sinceramente, prefiero los que tienen de 1 a 3 años de estudio musical, eso son guays, pero de 3 en adelante ya me dan miedo. A esto debemos sumarle que viven en un mundo virtual de sonidos imposibles, con unos nombres de sonidos impronunciables: “Para esta canción voy a poner un sonido que se llama creamy heaven o ¿prefieres wild pussy, o quizás chateau spectrum?” ¡Déjame en paz y pon uno que sea el que vas a utilizar en la canción! Por lo tanto, cuantas más posibilidades, peor.

El cantante

Bueno, este no sabría bien cómo definirlo, pero lo que sí puedo comentar es que a todos, a medida que se acerca la hora de cantar, les entra un virus o un catarro bien cargado de mocos que se les cura justo cuando acaban de cantar. Hay que esperar su momento, no puede ser de mañana, ni después de comer, ni en la merienda, ni, ni, ni, ni. “¿Ahora te parece bien? Genial. Qué afortunado soy. Cuando quieras. Te doy la entrada. Uno, dos, tres…” y aparece la afinación. El cantante suele apreciar desafinaciones donde no las hay y viceversa. Sumémosle su inseguridad con la mezcla a la hora de buscar el plano: “¿Está fuerte? … bájalo … no, no, súbelo … no, déjalo como antes … no, dale un poco de reverb… o delay … ¿y si la distorsionamos?” Una locura, ¿verdad? Pero es una locura que se basa en que no les suele gustar su voz. Lo mismo que le pasaba a John Lennon, que tuvo que inventar cosas porque no le molaba su voz.

En fin, he querido elaborar una especie de radiografía general de la gente que acaba en un grupo y que se junta para grabar. Espero que a nadie le moleste, porque, en todo momento, el relato se basa en mi persona, aunque he cambiado los nombres para no sentirme aludido.

Bye

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