Compresiones para-lelas y para-lelos en el Drawmer 1978

Bueno, bueno, bueno…, aquí de nuevo el mago de las palabras al atraaaque otra vez.

Hoy voy a hacer una entrada al lost un poco más técnica de lo que estoy acostumbrado. Y tengo miedo (jingle de trueno)… Porque os voy a confesar (suena el piano de Richard Clayderman de fondo) que estos días me he sentido fatal, ya que he estado trabajando en concreto con dos personas con mucho nivel (excelentes ambas) que tienen un estudio en Madrid y me di cuenta de lo poco que sé. Me abrumaban con los herzios o con los transientes. En un principio, pensaban que lo mío era pose, pero no, soy así. Yo hablo tipo: “Sube los agudos o los graves”; y no: “Atenúa los 3k”; o cosas por el estilo. No sé si seguir así —es morir de amor—, viviendo en la ignorancia o seguir como hasta ahora, viviendo en la ignorancia. Es una duda que me corroe.

Bueno… las modas, las modas. Ahora le toca el turno a la compresión paralela, una técnica muy, muy milenaria que llevo practicando mucho tiempo. ¡Quieto! Con esto no quiero decir que sea un adelantado a mi época, ni mucho menos, lo que quiere decir es que ya soy mayor —por cierto, majorking, el ciudadano que vive en Mallorca, es alcalde y rey al vez—.

Voy a partir de la base de que ya todo el mundo sabe en qué consiste la compresión for lela, pues hoy os voy a hablar de un cacharro que me he comprado, que me ha dejado flipado. El cacharro en cuestión lo fabrica una marca muy antigua que convive entre nosotros de una manera muy natural, conocida como Drawmer, una marca que ya estaba ahí cuando yo empezaba en este mundo, un tiempo en el que Drawmer era sinónimo de prestigio, sobre todo sus puertas de ruido. Pues bien, si tuviera que comparar a Drawmer con algo, sería con las vacaciones.  Y me explico. Siempre que imaginas un viaje, piensas en algo lejano y exótico, aunque sabes que cerca hay algún lugar igual de chulo. Y dices: “Vámonos a Suecia, porque a Canarias podemos ir en cualquier momento”. Al final te vas a Suecia. Pasaste frío, fue caro, pero no estuvo mal. Pero igual, si te hubieras ido a Canarias, donde pasaste calor y resultó más barato, hubiera estado mejor. En relación a esto de viajar, os comento una anécdota de la vida real:
Hace tres años fue el cumpleaños total de Muni (como todos los años) y decidimos hacer un viaje espectacular. Empezamos a buscar destinos: que si Suecia, que si Dinamarca, que si Luxemburgo…, para al final acabar en en El Rompido de Huelva. Pues para que os hagáis una idea, ¡¡¡fue súper guay ir Huelva!!!, ya que es el típico sitio al que al final nunca vas porque, como está aquí al lado, siempre piensas en que puedes ir en cualquier momento. Pues no. Ese lugar lejano y exótico, que imaginaste durante horas, nunca será Huelva. Pues para mí, Drawmer es El Rompido, o sea, el típico equipo que por su precio y calidad podría haberlo comprarlo en cualquier momento, aunque nunca lo hacía.

Un día mientras leía sobre novedades cacharriles, vi el 1978. Andaba buscando un compresor estéreo para mis compresiones paralelas y apareció este.

—”¿Y qué nos importa a nosotros lo que lees mientras estás en el baño?”, os preguntaréis. Dejadme que os explique—.

Uso mucho la compresión paralela en la batería, en las guitarras, en la voz y en el bajo. Como en la voz y el bajo uso compresores mono, buscaba un compresor estéreo, no dual, mono; por lo que el Drawmer me ofrecía estas posibilidades y más. Entre sus características veo que tiene un control de saturación que, según cómo lo configures, puede saturar bastante, de una manera muy chula. Además, cuenta con un control de frecuencias, por lo que puedo liberar o aumentar la  compresión según en qué frecuencias esté interesado, muy práctico si quiero soltar un poco el bombo, o el típico problema que hay con la compresión en los platos, y así liberar la compresión en esas frecuencias que a veces molestan. El compresor también tiene un control de blend que permite elegir el balance entre compresión o limpio, así puedo hacer la compresión paralela en el propio aparato. Cuando le conté a Sergio Castro que había pensado en  encargarle uno, me dijo cuál era el precio, en un primer momento no me lo podía creer —«Oh, my God! I can’t believe it», grité en un perfecto inglés—. Encima es el compresor más barato que tengo y funciona guay. Pensé: “Jolín, no siempre hay que gastarse grandes cantidades de dinero para tener un equipo de primera clase”. Eso sí, el único problema que tiene es que te gustaría tener más y más (para los de mi generación parece la canción de Heidi).
En fin, que me gusta Drawmer, tanto para la compresión paralela, como para el Bus Estéreo.

Haré un vídeo documentando mis palabras.

Va acompañado de un genial vídeo (como no = anorexia)

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