Conoce bien a tus músicos

  • Ola k ase (sé que es antiguo y que está pasado, pero yo lo descubrí hace poco) en el blog K ase

Hoy voy a intentar diseccionar a través de un estudio nada minucioso algo que será muy valioso para el futuro de la humanidad. Voy a hablar de ¡¡cómo se comportan!! los músicos de un grupo: los baterías, los bajistas, o los cantantes.
Todo esto lo diré desde el cariño, así que espero que nadie se enfade por esto.

El batería

Sobre todo, tenemos que entenderlo, ya que, el pobre, está sometido a un gran estrés, básicamente porque se pasa el día dando golpes, así que será normal que termine medio tocado y que no esté muy allá. Dentro del grupo, suele ser el más chiflado y raro. Imaginaros que vais a la cocina y empezáis a zurrar con un rodillo todos los calderos, acabaríais locos ¿o no? Suponed entonces que tenéis que hacerlo varios días, semanas, meses, e incluso, años seguidos sin parar. Hasta bastante cuerdos están ¿no creéis?

Por lo general tienen una querencia brutal a los platos. Sería un shock para ellos quitarles la sensación de ese chirrido cósmico que producen los platos, que los hace estar en una burbuja sónica a la cual nadie puede acercarse. Tengo entre manos un diseño, que aún está en fase beta, en el que los platos expulsan el sonido hacia el batería. Estoy plenamente convencido de que así se cortarían un poco más.

Otra característica del batería es que, como suele estar aislado, tiene la sensación de que la canción está vacía y por eso intentan rellenarla lo máximo posible, se ven en una especie de compromiso, de responsabilidad con ella. Ah, bueno y ¡luego muchos piensan que por ser baterías pueden ser percusionistas! —esta frase la aprendí de Ken Stringfellow de The Posies—. Como si el guitarrista pudiera tocar el violín simplemente porque tiene cuerdas. Sí, realmente se trata del que más papeletas tiene, pero no tiene por qué ser el más adecuados para ello.

El bajista

El guitarrista

Bueno, bueno, b-u-e-n-o; con la inglesa hemos topado. El más tikismikis y los tonys del grupo, generalmente el compositor de las canciones y más maniático de todos. Su guitarra o guitarras son lo más importante, para ellos no existe nada más. Habitualmente no escucha lo que hacen los demás, toooodo el tiempo dibujando, parece que tiene implantado en el cerebro un chip que le impide escuchar nada más que lo que toca, aunque creo que ni eso, ya que, curiosamente, durante la mezcla siempre quieren que su instrumento suene más fuerte. Por lo tanto, ¿cómo es posible que sin escuchar al resto, siempre piensen que la guitarra no esté lo suficientemente alta? Se nota que es quién compone las canciones porque suelen empezarlas todas. ¿Y la manía de los solos? Por favor, qué #%¿$!# manía. ¿Por qué todas las canciones tienen que llevar un solo? Ojo, que lo digo yo que soy guitarrista, o mejor dicho, chapurrista —dícese de la persona o animal que chapurrea la guitarra—.

El teclista

Este miembro no es muy habitual, por lo menos en los grupos que grabo. Suele ser el que estudió música y con el que siempre sale la conversación de que tiene la carrera de piano, 6 años de violín y 5 de dedos negros tercer dan. En un principio, la gente puede pensar lo increíble que supone contar con este tipo de grandes estudiosos; sin embargo, en la mayoría de las veces se convierte en una pesadilla, porque, a no ser que tenga cultura de pop o rock, suelen estar muy perdidos. Sinceramente, prefiero los que tienen de 1 a 3 años de estudio musical, eso son guays, pero de 3 en adelante ya me dan miedo. A esto debemos sumarle que viven en un mundo virtual de sonidos imposibles, con unos nombres de sonidos impronunciables: “Para esta canción voy a poner un sonido que se llama creamy heaven o ¿prefieres wild pussy, o quizás chateau spectrum?” ¡Déjame en paz y pon uno que sea el que vas a utilizar en la canción! Por lo tanto, cuantas más posibilidades, peor.

El cantante

Bueno, este no sabría bien cómo definirlo, pero lo que sí puedo comentar es que a todos, a medida que se acerca la hora de cantar, les entra un virus o un catarro bien cargado de mocos que se les cura justo cuando acaban de cantar. Hay que esperar su momento, no puede ser de mañana, ni después de comer, ni en la merienda, ni, ni, ni, ni. “¿Ahora te parece bien? Genial. Qué afortunado soy. Cuando quieras. Te doy la entrada. Uno, dos, tres…” y aparece la afinación. El cantante suele apreciar desafinaciones donde no las hay y viceversa. Sumémosle su inseguridad con la mezcla a la hora de buscar el plano: “¿Está fuerte? … bájalo … no, no, súbelo … no, déjalo como antes … no, dale un poco de reverb… o delay … ¿y si la distorsionamos?” Una locura, ¿verdad? Pero es una locura que se basa en que no les suele gustar su voz. Lo mismo que le pasaba a John Lennon, que tuvo que inventar cosas porque no le molaba su voz.

En fin, he querido elaborar una especie de radiografía general de la gente que acaba en un grupo y que se junta para grabar. Espero que a nadie le moleste, porque, en todo momento, el relato se basa en mi persona, aunque he cambiado los nombres para no sentirme aludido.

Bye

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A mí siempre me dijeron que mezclar no era bueno

Hola otra vez.

Hoy voy a hablar del moustrou de la grabación al que todos tememos: LA MEZCLA. Jajajajajajajaja
(risa de miedo a tope de reverb, rollo película).
Si nos ponemos técnicos, deberíamos tener en cuenta que la mezcla no es lo más importante, a diferencia de la captación del instrumento que sí lo es, ya que con una buena captación conseguiremos llevar a cabo una mezcla, por lo menos, más agradable, aunque esto no quiere decir que vaya a ser mejor, sino que nos facilitará el trabajo.

En fin, hablemos un poco de la mezcla. ¿Qué es la mezcla? Pues ni más ni menos que eso, mezclar las pistas que hemos grabado, ensamblarlas unas con otras, un proceso que se puede hacer de muchas maneras, aunque, generalmente, la buena es una. Entonces, ¿por qué la tememos? Básicamente, porque las cosas ya empiezan a ser definitivas y ¿qué hay más terrorífico que algo definitivo? Jajajajajajaja (de nuevo una risa de película con reverb).

Os voy a hablar de cómo veo este asunto de la mezcla. Para mí, en líneas generales, se trata de un proceso muy rápido y es que, como mínimo, suelo mezclar 3 canciones por día, aunque lo normal son unas 4 o 5 o, lo que es lo mismo, 1 canción cada 3 horas. A veces, cuando las termino, me siento algo extrañado porque, en el momento de empezarla, siempre imagino que va a sonar guay y, cuando ya casi lo tengo, después de hacer los típicos retoques, ese “Creo que va a sonar guay” se transforma en “¡Mi madre, qué paquete soy!” por lo que al final tengo que quedarme con la opción que menos menos me disgusta.

A pesar de todo, me encanta creer que mis mezclas son mezclas con vida, con instrumentos ocultos que, con el paso del tiempo, el que escuche la canción acabará descubriendo. Si ya habéis leído mis anteriores post, sabréis que suelo aprender mucho de los grupos que vienen al estudio y es por eso que hace ya unos años estaba grabando a un grupo que me gustaba mucho, Carrots. Recuerdo que, en un momento de la grabación, me comenta Willy: «Paco, esto es para grabarlo, pero luego no debería escucharse en la mezcla». En ese instante pensé “menudo tío, que chorrada más grande. Si no quiere que se escuche, que no lo grabe”. Al final lo grabamos y caí en la cuenta de que lo único que no era acertado en aquel momento era la definición, ya que no se oye, sino que se escucha. Si lo quitabas, faltaba algo; en cambio, si no lo eliminabas, aportaba un “yo que sé” a la mezcla, aunque no se oyera mucho a simple oreja. Todo esto para decir que en la mezcla nos podemos encontrar con arreglos e instrumentos que no se tienen por qué escuchar a la primera, que tendrá que pasar el tiempo y, de repente, un día, te darás cuenta de que había algo que no habías escuchado en anteriores reproducciones.

No hay muchas cosas que se digan de mí y que me molesten. La verdad es que tengo asumido lo que soy (miércoles). Pero sí me molesta bastante cuando recibo como halago «Qué guay está la mezcla. Se escucha todo» (a no ser que se trate de una guitarra sola o un piano y voz). No ha terminado de decir “todo” que ya estoy tirando todo abajo y empezando de nuevo.

Las mezclas son para disfrutarlas para que así se vuelvan creativas y divertidas. Esas son las que me gustan, cuando de repente te sorprende un simple movimiento de algo que te transporta a un lugar que no esperabas. En la mezcla no existen sonidos altos o bajos, sino que todo se encuentra dónde y como lo queremos. Es más, recomiendo mezclar y no volver a escuchar la mezcla hasta dos o tres años más tarde. Vale, ya sé que mucha gente es impaciente, pero es un buen ejercicio.

Hay discos clásicos de los que incluso sus autores opinan que están mal mezclados; sin embargo, nadie se da cuenta porque como el disco lo conocimos así, no percibimos esa mezcla tan mala de la que ellos hablan. Me parece un error ¡¡¡TERRIBLE!!! —si lo leíste temblando la voz, mejor— volver a mezclar los discos clásicos. ¡Eh, tú! ¡Sí, tú! El que está leyendo esto. Atiende: los discos mezclados, ni tocarlos.

Como diría Golpes Bajos: “No los toques, por favor”

Me encantan las mezclas analógicas. Sé que la mayoría de la gente piensa que el con el ordenador todo funciona mejor, pero ya sabéis que a mí me gustan más lo minoritario. También estoy al corriente de que hoy en día se valora muchísimo retocarlo todo hasta el último detalle; aún así, yo prefiero escuchar bien la canción y darme cuenta en el momento de lo que está mal, y así arreglar lo que consideré que no iba por buen camino. Me gusta pensar que hemos conseguido la mezcla buena, en la que un golpe de bombo más alto o más bajo no va ha hacer que la canción mejore o empeore.

También hoy existe la preocupación por la remezcla. Recuerdo que estaba grabando un grupo y antes de mezclar estaban pidiendo días para la remezcla. ¡¡¡¡¡¡¡PERO ES QUE ESTAMOS LOCOS!!!!!!! Hay que disfrutar el momento —¡Oh capitán, mi capitán!—.

Ahora estoy empezando a cogerle el gusto a mezclar, a ver lo que me dura.

Grrrrr chino crugggg raggg ruido ruido ruido 

Hace como un año, o más, tuve un problema con un amplificador: iba descalzo por casa y el dedo meñique de mi pie tropezó contra él y se rompió (el dedo, no el ampli), se quedó colgando (el dedo, no el ampli) y tuvieron que pasar tres meses hasta que se recuperara del todo. Lo que más rabia me daba era que, curiosamente, cuanto más cuidado tenía con el dedo, más veces me lo golpeaba. En una de mis visitas al médico, le comenté lo de los golpes, y le pregunté que algo me tendría que pasar con mi aparato locomotor. Él me respondió una cosa que, desde entonces, no dejo de darle vueltas en mi cabeza. Me comentó que no me preocupara, porque nosotros, los humanos, o sea yo, estamos golpeándonos todo el tiempo, y que parecía que me daba más, simplemente porque en ese momento el dedo estaba sensible.
En fin esto me sirve para explicar, desde mi humilde posición de genio, que las grabaciones, por lo menos las mías, están llenas de ruidos, ruidos de todo tipo. En el momento en que usamos instrumentos con micrófonos, estamos expuestos a los ruidos, y realmente no pasa nada, pero nada de nada.  Cuando combino la mezcla con la grabación analógica, se produce el Hiss (que para quien no lo sepa se trata de ese ruido agudo, como de soplido, que produce la cinta) o también puede haber Hum. Y es algo que no me preocupa demasiado, entre otras cosas porque, luego, en el mastering tendré herramientas para solucionar esos presuntos poblemas —sí he dicho poblemas (problemas de pueblo)—. No tenemos que focalizar y centrar toda nuestra atención en ese ruido, porque si caemos en la trampa, un pequeño ruido se convierte en gran ruido.
Muchas veces me preguntan si reviso pista por pista para ver si hay ruidos o clips o lo que sea, y mi respuesta es que yo solo elimino los ruidos que se oyen. Ahora bien, si vamos a sacar el disco con solo el bajo, entonces la cosa cambia.

Creo que, primero tendríamos que definir ruido y luego tendríamos que ver qué grabamos. Me resulta gracioso que a muchos les molesta el ruido de los vinilos y otros lo ponen pero ¡¡¡¡¡¡estamos locos!!!!!! A unos le molesta las distorsiones y otros las añaden PERO ¡¡¡¡¡¡¡ESTAMOS LOCOS!!!!!!! A unos les molestan los ruidos de vibraciones de los amplis y otros los potencian, PERO ¡¡¡¡¡¡ESTAMOS PACO LOCO!!!!!!!
En fin, los ruidos son parte de la grabación, pero no una parte irrelevante, sino todo lo contrario: muy importantes. Muchas veces son fortuitos y pueden aportar algo inesperado; en cambio, otras veces son asquerosos y es por eso que los quitamos ¡OJO! de la misma manera que un solo asqueroso o una voz vomitiva.

Curiosamente cuando grabé a gente que, en principio, tenía un rollo como más delicado y como más sutil fue cuando más permisivos fueron con los ruidos. Recuerdo que mientras grababa a Josh Rouse me llevé una gran sorpresa cuando, al terminar una toma, le comentaba que tendríamos que repetirla porque no había ajustado bien el previo durante la prueba de la voz, por lo que no se escuchaba limpia, sino un poco ruidosa y con algo de saturación. Cuál fue mi sorpresa cuando me comenta que no le importaba, que era parte de la grabación, que si la toma era buena, daba lo mismo. Otro caso que recuerdo, tiene que ver con la grabación del disco de Mikel Erentxun. Me imaginé que sería alguien bastante meticuloso con los ruidos, me sorprendió haberme equivocado y que fuera todo lo contrario: cuantos más ruidos, mejor; micro que se abre, ruido de baquetas, tos… y todo lo que uno se pueda imaginar, sobre todo en los finales. ¡Que hay gente que se tira una hora para editar un final sin ruidos!

Mirad, no soporto que después de una mezcla de 4 horas, la gente, tras haberlo escuchado por los cascos, me diga: hay un pequeño ruido en el minuto 2, como que entra una pista durante 0’2 mili segundos.

PERO ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ESTAMOS LOCOS!!!!!!!!!!!!

Sí, lo reconozco, hay un ruido que sí me molesta, y mucho, y es la mardita claqueta que se cuela por los micros por culpa de ese volumen brutal que sale por los cascos… Los demás, pfff, casi que me dan lo mismo.
Llamadme cerdo si queréis (aunque preferiría Paco), pero los ruidos son como las manchas en la camiseta y quien me conozca sabrá que llevo muchas, pero ¿eso me hace peor que el resto?
Viva el noise 

Clock, clack, click, tunners y toda esa mierda

Hola chicos y chicas.

Si la semana pasada traté el tema de ahorrar dinero, el de esta no se va a quedar atrás y, posiblemente, cree cierta controversia porque para mucha gente resultan esenciales la famosa claqueta, la afinación perfecta y los ruidos en las grabaciones.
Voy a empezar fuerte: ¡¡odio la claqueta!! La aborrezco. Espera, solo hay un momento en el que me gusta mucho: para empezar la canción al revés. O sea, grabar una guitarra y la voz para, después, empezar a construir la canción.También la utilizo cuando grabo por partes. Entonces, ¿en qué momento me molesta bastante? Cuando se trata de grabación en directo. A continuación explicaré por qué —qué intriga. Por qué este imbécil ahora dice que odia la claqueta, si el 90% de sus grabaciones va con ella. Va de guay.— Pues no, no voy de guay. El hecho de grabarlas no significa que no las odie, sino que, como todo en esta vida, hay muchas cosas que odio pero tengo que hacerlas:

Odio limpiar, pero tengo que hacerlo (a veces).

Odio echar gasolina, pero tengo que echarla.

Odio cagar, pero tengo que hacerlo.

Y así mogollón de cosas.

Por mi experiencia he notado que si el batería es muy bueno no le hará falta claqueta, y si es muy malo, tampoco. Aquí el ejemplo de que “los extremos se tocan” viene totalmente al hilo. Así que nos queda una franja entre esos dos extremos por la que nos movemos con la claqueta. Me gusta que la claqueta sea una guía del tiempo que tenemos que seguir, pero no soporto cuando el grupo se vuelve esclavo del click. Eso de escuchar la canción y tener que decir que hay un momento que se va un poco, o la típica pregunta de “¿a quién tengo que seguir?, ¿al batería o a la claqueta?”. También la odio cuando tiene tanto volumen en los cascos que hasta los vecinos protestan. Dos son los motivos: uno, porque se nota que el batería no se puede concentrar en otra cosa que no sea en un ruido, y se olvida de los demás miembros del grupo; segundo, y principal, porque luego en la mezcla siempre aparece esa mierda de ruido cuando se acaba la canción o cuando hay un pasaje más vacío de sonido.
Lo más curioso de la claqueta es que con casi todos los grupos americanos que he trabajado, ninguno tocaba con el click. Puedo nombrar dos ejemplos:

1. Recuerdo hace unos años mientras grababa a un grupo de Portland llamado Norfolk & Western, en el que el guitarrista, Adam Selzer, quien fue miembro de M. Ward y que tiene un estudio en Portland, me comentaba que no entendía la moda que había en América de tocar con claqueta. Claro, la batería de su grupo era Rachel Blumberg quien en aquel entonces estaba tocando con Bright Eyes.

2. Recuerdo cuando hicimos el disco de The Posies, la manera de montar las canciones era grabar 4 o 5 tomas y luego elegíamos la mejor parte de cada una, y sin chaqueta, y la gente me preguntaba:

—¿Pero no se notaba nada?

—¿Tú lo has escuchado? —Les contestaba.

—Sí.

—¿Tú notaste algo? —Les preguntaba inmediatamente.

—Erm… No.

—¿¿¿¿¡¡¡¡PUES ENTONCES PARA QUÉ PREGUNTAS!!!!????

Creo que la chaqueta ayuda, sobre todo para no grabar un tiempo equivocado. Si ensayamos en el local y sacamos nuestro tiempo allí, entonces será ese el que podremos usar en estudio, pero no nos obsesionemos tampoco. Se trata de una ayuda, no de una hipoteca. Si vemos que nos está perjudicando, hay que pasar de ella sin ningún tipo de duda, aunque después creamos, de forma errónea, que por no usarla, no estamos ante una grabación profesional.
Muy parecido pasa con el tunning, es decir, para el que no sepa francés, la afinación. Hoy en día afinamos todo. Primero las guitarras y los bajos con afinadores electrónicos, luego con autotunes. Después viene el turno de las voces, los coros, también con autotunes. Para que, al final, todo acabe sonando raro, al menos para mí. Las pequeñas desafinaciones son necesarias para la grabación. Pero ojo, pequeñas; ya que debemos utilizarlas como las bebidas alcohólicas: con moderación. Esto que os comento se trata de otra cosa que he aprendido con grupos extranhero (el héroe de extrangis). Ejemplo:
Recuerdo una vez que grababa a Golden Smog, donde Greg y a Gary cantaban unos coros. Después de 5 o 6 tomas consiguieron lo que andaban buscando, y, al ver sus caras de satisfacción, se me ocurrió preguntarles desde mi posición de jefe de producción:

—(Ahora voy a decirle a Gary Lourys que está un poco desafinado. Qué guay) —presiono el botón de hablar y le digo en un perfecto inglés —Gary I think you should do another take, this one is al little bit out of tune.

—No Paco. The vibe was perfect, vibe is the most importante thing— me contestó en un aún mejor inglés.

¿Lo entendéis, no? Y la gente me pregunta:

—¿Pero no se nota?

—¿Tú lo has escuchado? —Le contesto.

—Sí.

—¿Y tú notaste algo? —Le pregunto inmediatamente.

—Erm… No.

—¿¿¿¿¡¡¡¡PUES ENTONCES PARA QUÉ PREGUNTAS!!!!????

Ojo. En ningún momento me refiero a que haya que tocar desafinados, solamente que debemos tener en cuenta el contexto y la interpretación, dos conceptos casi más potentes que la propia afinación. Repito: me refiero a pequeños desajustes; esos que hacen posible una sonoridad especial, esos que (creo) le aportaban a los discos de los 60 y 70 otra sonoridad.

Lo importante es la interpretación.

Mi recomendación es que no os obsesionéis demasiado con las cosas, y si lo hacéis, que sea solo con aquello que queráis transmitir, ya que el mensaje estará por encima del click, del tunning y de toda esa mierda.
 Me queda el tema ruidos en las grabaciones,pero eso para la próxima que ahora no me apetece
Bye bue

Cómo ahorrar dinero grabando un disco

En un porcentaje realmente alto, mis producciones son autoproducidas por los grupos. Casi podría decir que de 100 grabaciones, 22 las paga una compañía de discos, y las 88 restantes es el grupo el que corre con los gastos, generalmente con dinero que va sacando de algunas actuaciones o, en otros casos, del famoso escote, es decir, que cada uno de los miembros paga una parte.

Sin duda, debo deciros que mi trabajo me gusta mucho y lo disfruto más aún, aunque también os digo que, probablemente, nuestro peor momento llega a la hora de cobrar. Quiero que sepáis que si Muni y yo nadáramos en la ambulancia no cobraríamos a nadie, pero, por desgracia, la ambulancia no tiene agua, así que no podemos nadar en ella, por lo que, tarde o temprano, siempre llega el momento de cobrar. Como habréis podido observar después de esta confeducción o introfesión, la entrada de hoy tendrá que ver con: ¡consejos para ahorrar dinero cuando vas al estudio!

La primera (y principal)

Hay que saberse las canciones a la perfección. Eso no significa que no vayamos a tener errores, sino que debemos conocer bien, bien, bien la canción, o lo que es lo mismo: dónde estamos en cada momento, así evitamos lo típico de:

—Después del primer estribillo… qué viene, ¿intro o cambio?

—No. Creo que lo que viene ahora es un solo.

—No. No.

—Lo que viene ahora es una parada.

En fin, nadie sabe nada. Otro aspecto positivo de saber la canción al dedillo tiene que ver con los arreglos e ideas que surgen cuando estamos trabajando sobre una canción. Si todo el mundo sabe bien la canción, todos salen ganando porque irá más fluido.

—¿Qué os parece si añadimos 2 compases y metemos un solo de jadeos en el tercer compás del tercer puente?

—¡Ah! Guay.

Si conocemos bien la canción no tendremos ningún problema. Tengo la teoría de que conocer lo que tocamos es básico. Nuestras canciones podrán ser mejores o peores, y habrá gente como yo y gente con talento, pero la canción… la canción es lo mínimo que debemos conocer. Tenemos que sabérnosla aunque no escuchemos la voz, aunque no escuchemos el bajo o la guitarra. Ya otra cosa es que necesitemos la voz, la guitarra o el bajo para divertirnos más y tener la motivación a tope.

La segunda

Debemos ser conscientes de cuáles son nuestras posibilidades instrumentales, es decir, hasta dónde podemos llegar con el instrumento, cuánto de buenos o malos instrumentistas somos. Para mí, el buen músico no tiene nada que ver con el virtuoso, sino con el que es capaz de sacarle el máximo partido a su técnica y es capaz de emocionar con lo que hace. De ejemplos está lleno el mundo y quizás el más claro es Bob Dylan quien con su voz (que carece de un rango increíblemente amplio) fue capaz de hacer canciones increíbles. Lo que viene a ser lo mismo: si nuestra técnica no es muy buena, debemos convertir ese defecto en virtud. No tenemos por qué intentar hacer más de lo que podemos, sino trabajar por la canción, y no batallar personalmente contra el instrumento.

La tercera

Saber algo de teoría y de lectura musical —aunque pueda parecer un poco pro, no es nada pro—. No pido que se sepa leer una partitura, ni tener grandes conocimientos sobre música, pero sí creo que tener un conocimiento básico, básico, básico ayuda mucho a la hora de afrontar un grabación. Al referirme a que se debería tener unos conocimientos básicos, me refiero a saber, al menos, las notas musicales, saber dónde están en el bajo en o la guitarra, simplemente para tener un pequeño lenguaje común, que se entienda el mensaje y así todo irá más rápido. Es como si estuviéramos con la pintura y en un momento dado surgiera:

Tú.—Oye, a la nariz yo le daría un toque de color verde.

Pintor.— ¿Cuál es el verde? (mientras señala el rojo)

Tú.—No. El verde es el que está junto al amarillo.

Pintor.—Pero ¿cuál es el amarillo?

Tú.—¡¡El verde es ese!! (te levantas, lo tomas por los hombros y lo zarandeas bruscamente como un poseso)

Pos-eso hay que saberse los notas, o lo que es un compás, yo qué sé. Dominar toda la teoría no es necesario para componer, de hecho, hay miles de canciones increíbles de las que estoy seguro que cuando se escribieron, el autor no conocía lo que estaba componiendo. Pero la entrada de hoy no trata de la composición sino de ahorrar dinero en el estudio.

Al fin y al cabo, todos estos consejos parten de una idea común y más antigua que el mundo: el tiempo es oro. Si ahorras tiempo, ahorrarás dinero, así de sencillo. Planifica tu tiempo en el estudio.

Como siempre, esto es un pensamiento interno mío.

Bye

Mujeres maque (maquetitis)

Odio las maquetas —esto sí que es un buen comienzo—.

Las aborrezco.

Vale, sé que para mucha gente son necesarias, pero es que no puedo con ellas por una serie de motivos. Uno de ellos viene a ser que si se graba bien, muchas veces llega a ser mejor que la grabación, y eso me toca bastante los juegos, con g y v, precisamente porque luego, cuando haces la grabación, únicamente buscas copiar lo que ha pasado en la maqueta, generalmente con un resultado bastante poco satisfucktorio, y lo digo por propia experiencia.

Hace algún tiempo me encontraba de gira con Australian Blonde —que, para quien no sepa, era un grupo indi con el que yo tocaba—, y nos llamaron de la compañía para pedirnos una versión de My way, que la querían para una campaña de publicidad, pero necesitaban algo rápido (una demo) para ver si encajaba en el anuncio. Así —así gana el Madrid— que rápidamente en la furgo sacamos la canción y el arreglo, la grabamos inmediatamente nada más llegar a casa y la mezclamos fugazmente, así que en tan solo 1 hora estaba grabada, mezclada y camino a Madrid (el streaming en aquel entonces era Seur). Bueno, la cosa es que la demo llegó y nunca supimos nada de ella, por lo que nos olvidamos por completo de esa canción. Un año más tarde, nos volvieron a llamar de la compañía para decirnos que otra casa comercial había escuchado la demo de My way y que la querían usar para un anuncio, pero que debía ser ya. De nuevo, nos encontrábamos de gira-gira-gira; sin embargo, pudimos sacar un momento, nos paramos en Madrid y grabamos de nuevo la canción. En cambio, en esta ocasión, fue un desastre. Lo único que hacíamos era intentar que sonara como en la maqueta, y, sobre todo por nuestra culpa, no nos percatamos de que aquello era un caos, una mierda. En aquel momento decidí no hacer más maquetas.

Si nos vestimos de estrictos, entre una demo y una maqueta existen diferencias, algunas, pero las hay. En líneas generales, creo que la maqueta es una demo un poco más elaborada, mientras que una demo puede ser una grabación con el móvil en el local —también me toca los juegos con g y v, porque a veces suenan muy bien—. A resumidas cuentas: prefiero gastar mi tiempo y energía en grabar directamente lo que se vaya a editar.

En relación con las maquetas, me viene a la cabeza una anécdota que tiene que ver con Lu Rid, de quien soy muy fan —ventilador en inglés que se utiliza para airear los huevos—. Él hizo una vez un disco al que le tuvo que dedicar mucho más tiempo de lo habitual para grabarlo. La demora se debió a que se centró en que el resultado final tuviera un espíritu de maqueta pero con sonido de disco, ya que estaba harto de que las maquetas le gustaran más que los discos.

El otro motivo porque las odio es estrictamente profesional. Muchas veces los grupos me dicen, o mejor dicho, me preguntan si quiero que me manden la maqueta —entonces tiemblo—. Cuando la escucho, mi celebro empieza a procesar y ya me lleva hacia sitos, y, de repente, me llaman y me preguntan que si me ha llegado la maqueta, a lo que les digo que sí. Me responden: «Guay, pero tampoco te fijes mucho, porque no tiene que ver mucho a cómo queremos sonar, ya que la batería es programada y la guitarra va a través de un Plug. Es que no pudimos grabarlo de otra manera.»
Entonces me pregunto:

Paco. —¿Paco?, ¿estás?

Cerebro de Paco. —Sí, dime, aunque rápido que estoy pensando en arreglos y en cómo grabar los instrumentos que oigo en esta maqueta.

Paco. —Oye, tampoco te esmeres demasiado ya que me han dicho que hay cartón ¿sabrías pensarme para qué me mandan estas maquetas, si lo único que consiguen es engañarme?

Cerebro de Paco. —Pues no lo sé, Paco (El cerebro se irrita y lo unto con Hemoal).

Pues eso.

Mi recomendación (aunque yo no sea nadie para recomendar) se basa en que cuando un grupo va a trabajar con un productor en un estudio, la mejor demo que podréis llevar será una grabación del local, que hoy en día existen muchos aparatos buenos que pueden recoger una grabación bastante decente. Llegado el caso, si no tuviera más remedio que trabajar a partir de una maqueta o una demo, preferiría la demo, ya que con la maqueta me suele costar más encarar la producción, porque me predispone a un sonido.

Hay otras veces en las que algún grupo me llama y me pregunta por el precio de una grabación, pero que debo tener en cuenta que se trataría de una maqueta. Entonces les digo que yo grabo lo que quieran pero que me resulta igual grabar un disco que una maqueta. No pongo el cerebro en posición maqueta y conecto menos neuronas y menos equipo. El uso que quieran darle a la grabación es cosa del  grupo, y no mía, ya que voy a trabajarla igual.

Como siempre, os cuento cómo lo hago yo. Supongo que otra gente preferirá las maquetas y me parece bien, aunque, como os he comentado, yo no.

No quiero terminar sin comentaros que las grabaciones que nos sirven para sacar arreglos como segundas guitarras o coros son otra cosa, están encaminadas a un uso interno. En caso de que hayas grabado una maqueta y ha quedado bien: edítala.

Gracias por leer estas chorradas.